
En el extremo sur de la Tierra, una masa de hielo del tamaño de un estado norteamericano —el glaciar Thwaites, conocido como el “Glaciar del Juicio Final”— está mostrando señales cada vez más claras de desestabilización. Su posible colapso no es solo un fenómeno remoto de la Antártida: científicos consideran que podría desencadenar un aumento del nivel del mar con impacto global, afectando a millones de personas que viven en zonas costeras.
El glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, cubre una superficie comparable al estado de Florida y es uno de los glaciares más estudiados del planeta debido a su enorme influencia en el nivel del mar.
Durante décadas, este inmenso cuerpo de hielo ha perdido masa de forma sostenida, alimentado por el calentamiento global y el agua oceánica que se infiltra por debajo de su base. Es parte, junto a otros glaciares vecinos como el Pine Island, de lo que se conoce como el “flanco débil” de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental, vulnerable a retrocesos continuos.
Uno de los factores que más preocupa a los investigadores es la proliferación de grietas en la plataforma de hielo oriental del Thwaites Glacier. Un análisis detallado con imágenes satelitales y mediciones GPS ha demostrado que la extensión total de estas fracturas se ha duplicado en las últimas dos décadas, debilitando la estructura que mantiene el glaciar unido.
Este patrón de grietas crea un efecto de retroalimentación: la pérdida de integridad estructural permite un flujo más rápido del hielo hacia el mar, lo que a su vez genera más fracturas y acelera el proceso.
Además de la fragmentación superficial, otro mecanismo clave de debilitamiento del Thwaites es el derretimiento desde abajo por aguas oceánicas más cálidas. Investigaciones recientes han identificado “turbulencias subacuáticas” —corrientes y vórtices de agua relativamente cálida— que socavan la base del glaciar con mayor agresividad de lo anteriormente modelado, creando cavidades y acelerando la pérdida de hielo.
Este ataque desde abajo hace que el glaciar pierda soporte y estructura, y es particularmente problemático porque evita las barreras del frío superficial, acelerando la retirada del hielo rumbo al océano.
Si bien un colapso total del glaciar —entendido como su desaparición completa— podría tardar siglos o milenios, sus efectos ya se reflejan en el aumento actual del nivel del mar, aportando una fracción significativa del incremento observado mundialmente.
Modelos climáticos sugieren que la retirada sostenida de Thwaites y la consiguiente desestabilización de otras capas de hielo podrían elevar el nivel del mar en decenas de centímetros a metros en los próximos siglos si las emisiones continuaran sin control.
Este aumento, aunque gradual a escala humana, implicaría cambios profundos en la geografía de costas, zonas urbanas y sistemas de infraestructura críticos.
Los científicos debaten si Thwaites ya ha superado un umbral de “retracción irreversible”, conocido como Marine Ice Sheet Instability, en el que una vez iniciado el retroceso profundo, es difícil revertirlo incluso con reducciones drásticas de emisiones.
Aunque las incertidumbres en los tiempos precisos de cada fase persisten, la tendencia de debilitamiento generalizada es consistente con el calentamiento global y el aumento de temperaturas en el océano Austral, que incrementan el estrés sobre los hielos.
