
La conversación con Alejandro Romero arranca con una imagen casi nostálgica: un cuaderno y un bolígrafo en pleno 2026. Pero rápidamente queda claro que, aunque los hábitos personales pueden resistirse al cambio, la industria de la comunicación no tiene ese lujo.
“Hoy la comunicación es más importante que nunca”, me dice el CEO global de LLYC. No es una frase hecha. Es el diagnóstico de una industria que ha tenido que reinventarse al ritmo de la polarización, la sobreinformación y la irrupción de la inteligencia artificial.
En un entorno global marcado por polarización y desconfianza, la comunicación dejó de ser táctica para convertirse en estratégica.
“Vivimos en un mundo polarizado… y la comunicación es una herramienta para minimizar esa polarización”, Romero lo resume con claridad.
Esto coincide con una tendencia global: las empresas están asumiendo un rol más activo en la conversación pública, no solo como marcas, sino como actores sociales.
La reputación ya no es un activo intangible, sino un factor crítico de negocio.
Fundada en 1995 como Llorente & Cuenca, la firma evolucionó hacia LLYC en 2019 como parte de una transformación más profunda hacia el marketing y los asuntos corporativos .
Hoy opera en más de 13 países con más de 1,300 profesionales y ha mantenido tasas de crecimiento superiores al 15% en las últimas décadas.
En 2024, alcanzó ingresos récord de más de 115 millones de euros, consolidando su expansión global.
Romero define esta evolución con una idea clave: “Nos hemos convertido en una compañía integrada… con una oferta end-to-end”.
Si hay un punto de inflexión en esta transformación, es la inteligencia artificial.
LLYC no solo la adopta, la incorpora como eje de su propuesta de valor. La firma ha desarrollado herramientas propias como AI Legislab, que analiza datos regulatorios para anticipar riesgos empresariales.
Pero Romero insiste en un matiz fundamental: “La tecnología es una herramienta de productividad… pero necesitas un responsable detrás”.
El paralelismo es claro: la IA no sustituye la estrategia, la potencia.
Según el propio CEO, la productividad en la industria puede multiplicarse entre 4 y 6 veces gracias a estas herramientas.
Uno de los conceptos más disruptivos que emerge en la conversación es el “marketing de máquinas”.
“Una máquina ya prescribe qué comprar o qué visitar”, Romero lo explica así.
Esto implica un cambio estructural: las marcas ya no solo deben posicionarse ante personas, sino ante algoritmos.
LLYC lo aborda con estrategias de posicionamiento diseñadas para que sistemas de inteligencia artificial recomienden productos y servicios de forma precisa.
La batalla por la atención evoluciona hacia una batalla por la visibilidad algorítmica.
En un entorno saturado de contenido, la comunicación enfrenta un nuevo desafío: la economía de la atención.
Romero lo resume con una metáfora simple: “Hay que pescar donde están los peces”.
Esto implica:
La creatividad ya no es suficiente por sí sola; necesita estar respaldada por insights y analítica avanzada.
En paralelo, la confianza se convierte en el activo más escaso.
Romero plantea una distinción interesante, pues según el “hay menos credibilidad en las instituciones, pero más necesidad de compañías con valores”.
Esto ha llevado a que los líderes empresariales asuman roles cercanos a los sociales, en un contexto donde las empresas operan en una “caja de cristal”.
Dicho de otra forma, la transparencia ya no es opcional; es una expectativa del mercado.
La transformación tecnológica también redefine el talento.
El CEO de LLYC es directo al respecto al decir que se “necesita menos gente para hacer las mismas tareas”. Pero él mismo hace una anotación clave: “Esto no implica menos valor humano, sino un cambio en el tipo de habilidades”.
Es decir:
En paralelo, obliga a las empresas a reinventar su modelo operativo y su propuesta de valor.
Más que hablar de cinco años, Romero prefiere enfocarse en el corto plazo estratégico. aun que la ambición, sin duda, es clara.
“Queremos estar en los momentos más importantes del negocio de nuestros clientes”.
Es decir, dejar de ser proveedores para convertirse en socios estratégicos.
Este enfoque explica por qué la firma ha apostado por adquisiciones, innovación tecnológica y expansión internacional en los últimos años.
La historia de LLYC es, en realidad, la historia de una industria en transformación.
De ser una consultora de comunicación tradicional, pasó a convertirse en un actor estratégico en el negocio de sus clientes, integrando tecnología, datos y creatividad.
Alejandro Romero lo resume sin dramatismo, pero con claridad: la mejor manera de entender el futuro es construirlo.
Y en un mundo donde los algoritmos median la conversación y la confianza se vuelve escasa, la comunicación deja de ser un accesorio para convertirse en una ventaja competitiva.

