
La creciente popularidad de las gafas inteligentes con cámaras integradas ha encendido las alarmas sobre los riesgos para la privacidad en situaciones cotidianas, planteando dilemas éticos complejos. Un caso reciente ejemplifica esta tensión. La influencer Aniessa Navarro relató en TikTok su experiencia en el European Wax Center de Manhattan, donde acudió para realizarse una depilación brasileña y terminó defendiendo su intimidad.
Aniessa acudió a una cita rutinaria de depilación íntima, pero la sesión se transformó rápidamente en una experiencia de ansiedad e intranquilidad cuando notó las gafas inteligentes Ray-Ban Meta que portaba la esteticista. En ese instante pensó que el procedimiento podria ser registrado por el dispositivo, capaz de grabar video y audio de forma discreta.
“No pude dejar de pensar en ello en ningún momento“, confesó Navarro en TikTok, donde su relato conmocionó a millones. La influencer no podía sacarse de la cabeza una pregunta: “¿Podría esta chica estar filmándome ahora mismo?”.
Aunque la empleada aseguró de inmediato que las gafas “estaban apagadas y eran recetadas”, la duda ya estaba ahí. La vulnerabilidad del momento la impulsó a buscar asesoría legal y exigir respuestas claras a la empresa.
La angustia de Aniessa Navarro no terminó al salir del centro de estética, de hecho, esa fue solo la primera parte de su búsqueda de respuestas. Lejos de conformarse con las explicaciones iniciales, la joven decidió actuar para disipar sus dudas.
Primero, contactó directamente con la sede central de European Wax Center a través de un correo electrónico detallando el incidente. Din embargo, la respuesta que recibió fue un mensaje genérico que solo aumentó su malestar y desconfianza.
Ante la falta de una explicación satisfactoria y preocupada de que su privacidad quedara expuesta, Navarro fue más allá y consultó con dos bufetes de abogados diferentes. Los profesionales le indicaron que, efectivamente, existían elementos para explorar una posible acción legal.
Sin embargo, la influencer enfatizó que su motivación principal nunca fue una demanda, sino la necesidad de garantizar que no se había grabado nada y, sobre todo, visibilizar un riesgo que podría afectar a muchas más personas en situaciones de similar vulnerabilidad.
Navarro utilizó su plataforma para hacer un llamado más amplio, expresando que su “mayor esperanza es que se prohíban estas gafas en lugares de trabajo tan privados”.
@niessaxoxo_ What should I do? #europeanwaxcenter #brazilianwax #metaglasses ♬ original sound – aniessanavarro
La viralización del video de TikTok de Aniessa Navarro, que acumuló millones de visualizaciones, forzó finalmente una respuesta oficial y pública de la compañía involucrada.
Ante el escrutinio mediático, un portavoz de European Wax Center se dirigió al Washington Post para defender a su empleada y reafirmar su versión de los hechos, insistiendo en que las gafas inteligentes permanecieron completamente apagadas durante toda la sesión y que en ningún momento se utilizaron para grabar.
Paralelamente, Meta también aclaró que manipular el LED de grabación de sus dispositivos va expresamente en contra de las normas de uso del servicio. No obstante, estas aclaraciones técnicas no logran zanjar el dilema ético central que el caso expone.
El caso de Navarro dista mucho de ser un incidente aislado y forma parte de un patrón creciente de fricciones sociales provocadas por la introducción de estas tecnologías en espacios sensibles. Reportes previos indican que clubs nocturnos y establecimientos similares ya están enfrentando situaciones conflictivas relacionadas con las Ray-Ban Meta.
Una portera de un club en Atlanta, por ejemplo, impidió explícitamente la entrada a un cliente por portar estas gafas, argumentando con claridad el riesgo al declarar “Porque tienen cámaras”. Asimismo, el año pasado una bailarina exótica alertó en redes sobre un aumento de clientes que utilizaban estos dispositivos para grabar sus actuaciones sin consentimiento.
Estos episodios, sumados al caso de la depilación, ilustran el desafío que supone la popularización de wearables discretos con capacidad de registro. El debate sobre dónde y cómo se utilizan estos dispositivos está, más que nunca, sobre la mesa.
