
Diciembre arrancó con tropiezo para Bitcoin, Ethereum y el resto del mercado cripto. Tras un domingo de ventas intensas, las cotizaciones amanecieron en rojo y borraron buena parte del avance reciente, incluso después de que los fondos de activos digitales cerraron noviembre con números positivos.
La presión continuó durante la madrugada. Para la 1 de la tarde, tiempo de la Ciudad de México, Bitcoin cotizaba en 84,950 dólares, una caída de 7% en 24 horas. En ese nivel, la principal criptomoneda opera 32.6% por debajo de su máximo histórico de 126,080 dólares, registrado el pasado 6 de octubre. Además, encadena dos meses a la baja, con retrocesos de 3.7% en octubre y 16.8% en noviembre.
Los datos de Coinglass muestran el tamaño del ajuste: las liquidaciones de posiciones largas en Bitcoin suman 392.4 millones de dólares, un volumen que explica parte de la presión vendedora.
Aun así, la semana pasada dejó señales de alivio. Bitcoin rebotó hacia los 90,000 dólares antes del feriado por Día de Acción de Gracias y logró sostener ese nivel por varias sesiones. Ese respiro llegó después de declaraciones de John Williams, integrante del Comité de la Fed, quien habló de una política monetaria restrictiva y elevó las apuestas por un posible recorte de tasas de interés en diciembre.
El resto del ecosistema también sufre. La capitalización total cae 7.1%, a 2.89 billones de dólares, mientras el índice de miedo y codicia se ubica en 20 puntos, dentro del umbral de “miedo extremo”.
Entre las principales criptomonedas, Ethereum, XRP, Solana y Dogecoin retroceden 9.6%, 9.2%, 10.4% y 11.2%, respectivamente.
En el mercado accionario, Strategy (antes MicroStrategy), el mayor inversionista corporativo de Bitcoin, baja 6.6%; Coinbase, 5.4%; y los mineros MARA Holdings y Riot Platforms retroceden más de 3%.
El detonante global vino desde Japón. Un comentario de Kazuo Ueda, gobernador del Banco de Japón, abrió la puerta a un posible aumento de tasas este mismo mes. La reacción fue inmediata: los mercados comenzaron a deshacer posiciones de riesgo.
El ajuste se relaciona con el carry trade, una estrategia que consiste en pedir dinero prestado en una moneda con tasas muy bajas —como el yen— para invertirlo en activos con mayor rendimiento, como bonos, índices o criptomonedas.
Si un país como Japón da señales de que elevará tasas, esos préstamos se encarecen. Los inversionistas se apresuran a cerrar sus posiciones para evitar mayores costos y esa liquidación golpea a activos como Bitcoin y a los mercados globales.
