"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos" - Friedrich Nietzsche

Anatomía de un Clic

Anatomía de un Clic

Cada vez que llego a mi escritorio, abro el computador y me conecto a Internet, busco una dirección en forma aleatoria o deliberada y hago clic, porque esa es la orden que me dan en todas las páginas. Existe una nueva necesidad que me lleva a hacer 'clic'; pero, ¿por qué hacer clic, si es un clic el que invade mi conexión, mi pantalla, mi tiempo, mis intereses intelectuales y lúdicos? Ya no soy dueño de la información que registro en mi disco duro y todo por culpa de un clic que me impide decir: No.

Los clic me atacan, atacan mi privacidad, atacan hasta el último de los rincones que antes permanecían vírgenes, porque antes era yo quien decidía cuándo llenar la pantalla con información "importante". Autorizamos a los otros para que entren a mi pantalla, llenen mi disco duro con miles y miles de productos e información útil o desechable. Cedo espacios y terrenos que jamás imaginé a personas desconocidas que invaden mi PC.

¿Qué es un clic y qué es Internet?

Internet es una gran cantidad de gente haciendo clic y otra tratando de apoderarse de esos clic, de guiar la mano, los ojos, la experiencia del navegante. Para hacer clic sólo necesito pupilas, ojos que sigan la pantalla, que recorran la calidad del video que me atrapa y le de la orden al cerebro para que el dedo índice oprima en ese clic que está puesto ahí.

En Internet están las páginas de todos, que nos arrastran hacia sus propios clics. Movemos el cursor y allí encontramos una oferta, hacemos clic y tomamos la decisión de comprar algo. ¿Cómo lo hicimos? ¿Fuimos conscientes de nuestra decisión? Allí entran una serie de factores psicológicos y anatómicos (si no estamos cómodos, no nos podemos concentrar), movemos la mano, el mouse y finalmente el cerebro da la orden de compra. La forma como logren capturar esos eventos es lo que permitirá que una oferta tenga o no el éxito que esperan.

¿Por qué entramos a Internet?

El uno por ciento de la gente que entra a Internet busca un tema o un producto específico, otro uno por ciento va hacia una dirección conocida y el 98 por ciento restante navega para tener la opción de hacer clic sin que nadie le impida tomar sus propias decisiones.

El poder del cursor es infinito porque puede desplazarse por toda la pantalla, aprobar, ignorar, cerrar una ventana y abrir otra. Entramos a espiar, a comprar, a viajar, a cuestionar, a investigar, pero ante todo, entramos a ganar.

Una vez que ingreso a Internet y empiezo a navegar, acepto las invitaciones que me hacen o las rechazo. Es un laberinto en el que me pierdo si no es atractivo. Me aburro, me escapo, retrocedo, avanzo, me conecto con otro sitio y empiezo la búsqueda de nuevo.

¿Qué me queda al salir de Internet? Me queda ganancia si me llevo más de lo que tenía cuando entré (contenido, información, recursos); pierdo si salgo con menos, porque invertí mi tiempo.

¿Pagué al salir? Este es el tema que nos interesa, porque Internet es para hacer dinero, para que cada clic nos represente ingresos. El clic de entrada es emotivo, pero una vez que estoy sumergido en una página y doy la orden de hacer otro clic, es una decisión racional; también hay racionalidad en el clic de salida, que es el más importante porque es el que permite recibir ingresos.

La pregunta del millón entonces es: ¿Cómo hacer para que la gente que entre a nuestra página de Internet deje su dinero allí? En Emprendedor. com trataremos de resolverer esta inquietud.

Guillermo Ramírez - Mayo 2000