La política futura

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Vivir juntos en un mundo transformado por la tecnología

Jamie Susskind

Reseña

La era del Gran Hermano ya no es materia de la ciencia ficción. Con la humanidad cada vez más conectada a los aparatos digitales, casi todas las actividades, sin importar lo mundanas que sean, sirven cada vez más como alimento para los macrodatos o big data. En este estudio sobre cómo la tecnología seguirá transformando la sociedad y la política, Jamie Susskind da la alarma, pero también indica que el futuro digital no tiene que ser tan distópico. Por ejemplo, aunque Susskind predice una era de desempleo en masa cuando los robots reemplacen a los trabajadores humanos, es optimista. Arguye que la eficacia dirigida por la automatización creará suficiente prosperidad para que los gobiernos amplíen las redes de seguridad social; sin embargo, afirma que hay que ser precavidos para que la democracia y los ciudadanos sigan siendo libres. getAbstractrecomienda este atractivo estudio a los lectores interesados en la interacción del avance tecnológico con los cambios sociales.

En este resumen usted aprenderá

  • Cómo la tecnología está cambiando la política y la sociedad;
  • Qué nuevas formas de poder existirán después de la revolución digital y
  • Cómo pueden seguir siendo libres las democracias.

Ideas fundamentales

  • En los próximos decenios, la humanidad podría entregar su autonomía a unos sistemas digitales que la mayoría de la gente ni comprende ni domina por completo.
  • El cambio tecnológico augura consecuencias tanto económicas como morales.
  • Mediante la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, los ingenieros están elaborando sistemas tan buenos o mejores que los seres humanos para hacer una serie de tareas.
  • Un 90% de los estadounidenses no se aleja más de un metro de su teléfono inteligente.
  • Ya sea una compra en Amazon o una publicación en Instagram, cada vez más actividades humanas son cuantificadas en alimento para los macrodatos o big data.
  • Un pequeño grupo de innovadores idiosincrásicos está determinando el futuro digital del mundo, con poca información o supervisión del exterior.
  • La tecnología digital expande la libertad y también la arrebata.
  • La revolución digital ya cambió la manera de hacer las campañas políticas.
  • Una economía automatizada puede llevar al desempleo en masa, pero es probable que los gobiernos puedan pagar un ingreso mínimo universal.
  • Proteger la democracia en una revolución digital requiere dos cosas: transparencia y una nueva separación de poderes.

Resumen

Nuevas y poderosas herramientas en manos de unos pocos

La tecnología cambia el mundo profundamente. Si bien muchos líderes optan por ser discretos y aceptar los cambios que la tecnología genera, es importante que todos los que tienen un cargo de responsabilidad se preparen para la gran expansión de la revolución digital que transformará la sociedad humana. La revolución tecnológica promete ser tan monumental como la revolución industrial, la revolución agrícola o incluso el desarrollo del lenguaje humano; no obstante, muy a menudo parece que las herramientas digitales están siendo desarrolladas sin pensar mucho en su amplio impacto en la sociedad. Los que estudian para obtener un título en ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas rara vez encuentran cursos de filosofía política o política social; por lo mismo, en la mayoría de las especialidades en bellas artes se carece de una comprensión profunda del funcionamiento de la tecnología.

“Aun no estamos listos –intelectual, filosófica o moralmente– para el mundo que estamos creando”.

La estrecha visión que rodea el desarrollo digital comprende las empresas de Silicon Valley, donde los ingenieros buscan resolver desafíos específicos, pero no se les pide que reflexionen en la manera como su trabajo podría afectar al mundo; y el no considerar las extensas implicaciones de sus innovaciones tecnológicas se debe en parte a que no hay diversidad racial ni de género. La mayoría de los ingenieros y ejecutivos de las empresas son hombres blancos. Además, muchos de ellos tienen opiniones políticas fuera de lo común: muchos se inclinan al ‘libertarianismo’ o incluso la anarquía. En otras palabras, un pequeño grupo de innovadores idiosincrásicos determina el futuro digital del mundo, con escasa información o supervisión del exterior.

“El peligro central identificado en este libro es que, gradualmente, quizá sin notarlo inicialmente, cada vez nos sometemos más a unos sistemas digitales que casi no entendemos ni, mucho menos, controlamos”.

El cambio tecnológico promete consecuencias económicas y morales. Algún día, por ejemplo, la realidad virtual ofrecerá sexo virtual como un bien de consumo, lo que plantea preguntas difíciles. ¿Deberá permitirse a una empresa vender sexo virtual con una imagen que se parezca a una celebridad, al cónyuge de un amigo o a otra persona real? Los libertarios podrían argüir que, si no se perjudica a nadie, la supervisión del gobierno es innecesaria; pero, ¿qué pasa si la pareja sexual virtual es un niño? Esas cuestiones son argumentos secundarios de una trama mucho más amplia: en los decenios por venir, a medida que la tecnología avance, la humanidad podría entregar su autonomía a unos sistemas digitales que la mayoría de la gente ni comprende ni controla completamente.

Tres características definitorias

La revolución tecnológica –el mundo de vida digital de computadoras poderosas que procesan numerosísimos datos– es algo nuevo para la humanidad. Nunca antes el hombre ha funcionado con una tecnología tan compleja, que es la base de la comunicación y el comercio. Tres avances clave moldearán el futuro de la sociedad y la política:

  • Sistemas más inteligentes – Mediante la inteligencia artificial (IA), los ingenieros están elaborando sistemas tan buenos o mejores que el humano para hacer una serie de tareas. Los autos sin conductor son ya una realidad; y Ford espera entregar su primer ejemplar a los concesionarios en el 2021. La IA descubrió cómo transcribir el habla humana, leer los labios y escribir noticias; los robots están escribiendo incluso discursos políticos. El aprendizaje automático –en el que un objeto inanimado adquiere conocimiento mediante la prueba y el error– permitirá a la IA seguir mejorando. El aumento exponencial de la potencia y la velocidad de cómputo impulsa esos avances.
  • Tecnología ubicua – Los dispositivos digitales están estrechamente entrelazados con la vida moderna. Y la tendencia a la tecnología ubicua apenas empieza. Los aparatos digitales proliferarán en las décadas por venir, cuando, como se espera, los sensores sean incorporados en electrodomésticos, la ropa y los accesorios. Se estima que entre 25 mil millones y 50 mil millones de ellos estarán conectados a internet en el 2020. Mientras, los avances de la tecnología en cadena aumentarán las conexiones creadas por aparatos ubicuos; y lo digital también se hará más presente en el mundo físico. La población de robots ya se está multiplicando: manejan las tareas cotidianas –como el transporte de mercancías en los almacenes de Amazon– y las complejas, como la cirugía.
  • Big data – Cada vez se cuantifican más actividades humanas. Ya sea que esté haciendo una compra en Amazon o publicando algo en Instagram, todo es alimento para el big data. En el 2012 los investigadores usaron los datos GPS para predecir –con gran precisión– dónde estaría el usuario de un teléfono inteligente 24 horas después. Hoy día los datos son materia prima vital para muchas empresas, como lo fue el carbón para la revolución industrial. Los gobiernos también dependen cada vez más de los datos para administrar comunidades y obras públicas.

El futuro del poder

El avance de la tecnología plantea cuestiones cruciales sobre la decisión personal y la función del Estado. Por ejemplo, cuando un ser humano conduce su vehículo, el respeto de los límites de velocidad y las normas de estacionamiento depende de su decisión de correr el riesgo de que el Estado lo castigue. En cambio, los autos sin conductor pueden ser programados para evitar todo acto ilegal: un terrorista no podría estrellar un vehículo automatizado contra una multitud y un automóvil sin conductor se detendría automáticamente para dejar pasar una ambulancia o someterse a un retén policial; pero el hecho de quitar el poder de elegir a un conductor también significa dar a una máquina la última palabra en los dilemas éticos. Digamos, por ejemplo, que un niño corre entre el tráfico. Un ser humano podría decidir que es mejor salvar al niño, aunque eso signifique chocar con otro carro con dos adultos, que podrían morir; pero la programación de un automóvil sin conductor podría impedir esa decisión sobre la base cuantitativa de que salvar dos vidas es preferible a salvar una. Los dilemas de este tipo van a las raíces del poder y a la manera como la tecnología digital influye en tres tipos de poder cruciales:

  • Fuerza – En este tipo de poder una parte elimina la facultad de la otra parte de decidir si debe ejercer la fuerza. Los entes estatales, como la policía y el sistema judicial, encarnan más claramente ese tipo de poder; pero la tecnología avanza por cuenta propia en ese ámbito. Por ejemplo, eBay tiene su propio sistema de juzgar, que soluciona unos 60 millones de disputas al año. En cambio, el sistema judicial estadounidense resuelve menos de 20 millones de demandas civiles por año.
  • Indagación – El poder no requiere fuerza. Como saben los políticos hábiles, obtener poder mediante la manipulación suele ser mucho más gratificante que ejercerlo mediante la fuerza. El poder blando se ejerce mediante la indagación: recopilar, mantener y analizar información sobre otros. Durante gran parte de la historia de la humanidad, la indagación requirió la intervención cara a cara: la madre vigila el frasco de galletas, la mujer consciente de su apariencia revisa su maquillaje en el espejo. En el mundo de la vida digital las máquinas manejan el monitoreo y la indagación exhaustivas. La policía ya está usando dispositivos como el Echo de Amazon y Fitbit para investigar homicidios. En el futuro las máquinas usarán la información que recopilen para predecir la conducta humana más minuciosamente y calificar la vida humana en grados y otras medidas que hacen que los humanos compitan entre sí.
  • Control de la percepción – El control de lo que la gente piensa o cómo percibe el mundo es una herramienta poderosa. Los filtros son parte importante del control de la percepción: dan forma al discurso al adaptar lo que la gente ve y siente. En el siglo XX los medios de comunicación hicieron casi todo el filtrado mediante la prensa, la radio y la televisión. El auge de internet puede haber eliminado algunos de esos filtros tradicionales, pero la revolución digital ha ayudado a crear nuevos filtros, aun más potentes. Las máquinas ya dominan una fuente clave del control de la percepción: los resultados de la búsqueda. Las máquinas participarán cada vez más en el control de la percepción a medida que los moderadores automatizados tomen el lugar de los periodistas en la distribución de noticias. Aunque la gente suele asumir que las máquinas filtran con imparcialidad, las compañías que crean esos sistemas no siempre juegan limpio: en el 2009, luego de una disputa con una editorial, Amazon eliminó de todo Kindle los ejemplares de 1984, de George Orwell, sin el permiso de los propietarios.

La paradoja de la libertad

Los avances de la tecnología digital crearon la era dorada de innovación y creatividad. También centralizan el poder en manos de unas pocas empresas poderosas y del Estado. Esa paradoja no siempre es obvia, pero existe: la tecnología digital difunde la libertad y la elimina. Considérese, por ejemplo, el iPhone o la iPad: ambos son maravillas en diseño, fáciles de usar y casi indispensables; sin embargo, Apple está a cargo. El propietario de una iPad puede elegir qué aplicaciones descargar, pero Apple las aprueba. Como señaló el experto legal Tim Wu, los propietarios de productos Apple aceptan intercambiar “un poco de totalitarismo por comodidad”. Por ahora, el cambio es una decisión fácil; pero, en el mundo de la vida digital, donde el código llega a todos los rincones de la existencia humana, los riesgos son mayores.

“En el próximo siglo, tres creaciones transformarán la política: sistemas cada vez más capaces, tecnología cada vez más integrada y sociedad cada vez más cuantificada”.

En el mundo de la vida digital, las empresas de tecnología con fines de lucro controlarán cada vez más las libertades humanas básicas: libertad de expresión, de pensamiento y de reunión. Es otra paradoja. Facebook, Twitter y plataformas de redes sociales similares brindan oportunidades para la libertad de expresión; pero también ejercen un control inaudito sobre los tipos de discurso permitidos. En el ámbito de la libertad de pensamiento, cuando las empresas de tecnología decidan qué tipo de noticias podrán ver sus usuarios, se producirán imposiciones similares. La libertad de movimiento también disminuirá. Cuando todos los autos se conduzcan solos, usarlos será más seguro; pero se perderá la libertad de exceder el límite de velocidad o detenerse en lugar prohibido. Quizá la parte más inquietante de esa paradoja sea que, en el mundo de la vida digital, la tecnología será invisible. Una fuerza poderosa será capaz de controlar el discurso y el pensamiento de tal manera que muy pocos se darán cuenta y, mucho menos, lo pondrán en duda.

Política y economía digitales

La revolución digital ya cambió cómo se hace una campaña política. Los candidatos usan la tecnología para recaudar fondos, solicitar apoyo y, con la ayuda del big data, recopilar información sobre los votantes. La campaña presidencial del 2012 de Barack Obama fue notable por la habilidad técnica. Cuatro años después, una empresa contratada por Donald Trump trazó –supuestamente– un extenso perfil de 220 millones de personas, un tesoro de información que le permitió dirigir sus anuncios eficazmente.

“El desempleo tecnológico podría representar realmente la oportunidad para desmantelar el paradigma del trabajo y reemplazarlo con un conjunto diferente de ideas”.

La tecnología reforzó e influyó en movimientos políticos como la Primavera Árabe y la Toma de Wall Street; pero los avances digitales también han contribuido a la fragmentación del discurso público. El votante de hoy prefiere consumir contenidos políticos afines a sus propias opiniones e ignora la información con la que no está de acuerdo. En el mundo de la vida digital, parece probable que el desempleo humano pueda generalizarse. Dado que las máquinas tendrán la capacidad de hacer muchas tareas que ahora hace la gente, los trabajadores serán cada vez menos necesarios. En medio de la feroz competencia por los trabajos que queden, los salarios caerán. La pérdida masiva del empleo trastornará la vida de los trabajadores, pero las altas tasas de desempleo no causarán una depresión. Por el contrario, la nueva economía automatizada seguirá siendo rentable y eficiente. Los gobiernos podrán optar por cuidar de sus ciudadanos desempleados mediante la ampliación de las redes de seguridad social existentes o por ofrecer un ingreso básico universal: una mesada en efectivo “sin compromiso”.

La protección de la democracia

Algunas democracias usan la tecnología para aumentar la participación pública en el gobierno. En París, por ejemplo, la tecnología permitió el concepto de “presupuesto participativo”, en el que los votantes pueden presentar propuestas presupuestarias que son votadas por los habitantes. Con todo, en muchos sentidos, la revolución digital representa una amenaza para la democracia. Si las compañías de Silicon Valley u otras fuerzas pueden controlar el pensamiento de los votantes, se socavará los conceptos de voluntad política y disensión enérgica.

“Estamos a punto de entrar al mundo de la vida digital, un mundo poblado por sistemas digitales que rivalizarán y superarán a los seres humanos en una amplia variedad de funciones”.

Proteger la democracia en una revolución digital requiere dos pasos. El primero es la transparencia: los ciudadanos deben saber qué hacen las organizaciones que controlan su vida. La Unión Europea ya dio un modesto primer paso en ese frente, pues exige que las compañías que toman decisiones completamente automatizadas expliquen claramente esa política al público. El segundo paso es que las democracias deben insistir en la separación de poderes, no la división tradicional en ejecutivo, legislativo y judicial, sino la separación de los poderes de fuerza, indagación y control de la percepción. A ninguna empresa se le puede permitir dominar más de un medio de fuerza o tener el monopolio de ningún poder.

Sobre el autor

Jamie Susskind es autor, orador y abogado en ejercicio. Fue asociado del Centro Berkman para Internet y la Sociedad de la Universidad de Harvard.

Fuente: www.getabstract.com